1. No es una pregunta, son tres
La duda suele llegar formulada como «¿esto es mío?», y así planteada no tiene respuesta. Dentro hay tres preguntas que se responden con normas distintas, y que pueden salir una que sí y otra que no en el mismo caso.
- ¿Puedo usarlo, y además cobrar por ello? Lo decide el contrato que firmaste al aceptar los términos de la herramienta. Nada más.
- ¿Puedo impedir que otro lo copie? Lo decide la ley de propiedad intelectual, y aquí la respuesta de partida suele ser que no.
- ¿Me puede reclamar alguien por lo que ha salido? No depende de quién lo generó, sino de a qué se parece el resultado.
Son independientes. Lo habitual, de hecho, es tener permiso para usar y vender una imagen (sí a la primera), ningún derecho para impedir que la competencia la copie tal cual (no a la segunda) y aun así un riesgo si el resultado se parece demasiado a algo ajeno (sí a la tercera). Quien te diga «tranquilo, los términos dicen que es tuya» te está contestando solo a la primera.
La frase que resume toda la guía: una empresa solo puede cederte lo que tiene. Si sobre esa imagen no nació ningún derecho de autor, el contrato que te la «cede» no te transfiere ese derecho, porque no existe. Te da permiso, que es otra cosa y muchas veces suficiente.
2. Para la ley, el autor es una persona
En España, el artículo 5.1 del texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual considera autor a la persona natural que crea la obra. «Persona natural» significa persona física, de carne y hueso: ni una empresa como creadora originaria, ni desde luego un programa. No es una laguna que nadie haya visto, es el eje sobre el que está construido todo el derecho de autor continental, que arranca del vínculo entre una persona y su creación.
La consecuencia práctica es incómoda y conviene decirla sin rodeos: un texto o una imagen producidos íntegramente por el modelo, con un prompt y nada más, se quedan fuera del derecho de autor clásico. No es que sean de la empresa que hizo el modelo, ni tuyos, ni de nadie. Es que no hay sobre ellos un derecho que ejercer. Y lo que no tiene autor no tiene quien impida copiarlo.
Al otro lado del Atlántico se ha llegado al mismo sitio por un camino más ruidoso. En el caso de Stephen Thaler contra la Oficina de Derechos de Autor, los tribunales rechazaron registrar una obra que se presentaba como creada de forma autónoma por una máquina, y el 2 de marzo de 2026 el Tribunal Supremo de EE. UU. no admitió a trámite el recurso (Thaler contra Perlmutter, n.º 25-449). Conviene leerlo con precisión, porque se ha contado mal: el Supremo no dictó sentencia sobre el fondo. Al no admitirlo, deja firme la del tribunal inferior, que sostiene que la ley estadounidense exige que una obra esté creada en primera instancia por un ser humano. El resultado es el mismo; el razonamiento, más modesto de lo que dieron a entender algunos titulares.
¿Va a cambiar pronto? No por ahora. En España, el Consejo de Ministros aprobó el 26 de mayo de 2026 el proyecto de ley orgánica para el buen uso y la gobernanza de la inteligencia artificial y lo remitió a las Cortes, pero eso no es una reforma de la Ley de Propiedad Intelectual ni toca la definición de autor. En marzo de 2026 el Parlamento Europeo aprobó recomendaciones para proteger a los creadores frente a la IA — recomendaciones, no norma directamente aplicable. Si alguien te vende que «ya se está regulando y pronto será tuyo», pídele el número de la ley.
3. Lo que sí es tuyo: tu aportación, no la salida en bruto
Aquí está la parte útil, y la que casi nadie cuenta porque no cabe en un titular. Que la salida en bruto no esté protegida no significa que trabajar con IA te deje con las manos vacías. Lo que el derecho de autor protege es la aportación creativa de una persona, y esa aportación puede estar perfectamente presente.
El caso que mejor lo ilustra es el del cómic Zarya of the Dawn, cuya autora había generado las viñetas con una herramienta de imagen. La Oficina de Derechos de Autor de EE. UU. no tiró el registro entero: mantuvo la protección del texto que había escrito ella y de la selección y disposición creativa de las páginas, y excluyó las imágenes generadas. Es decir, troceó la obra y protegió la parte humana.
Traducido a lo que tú haces: si montas un catálogo, un libro, una campaña o una web combinando piezas generadas, tu selección, tu orden, tu edición, los textos que escribes y las fotos que haces siguen siendo tuyos. Cuanto más pones tú, más hay que proteger. Lo que no puedes es generar una ilustración de un tirón, no tocarla, y esperar poder impedir que otro la use.
Dos avisos. El primero: no hay una línea exacta que diga cuánta intervención humana basta, y quien te dé un porcentaje se lo está inventando. Lo que sí puedes hacer es dejar rastro — borradores, versiones intermedias, notas, fechas —, porque el día que haya que demostrar tu aportación, eso es lo que la demuestra. El segundo: en el registro estadounidense hay que declarar el contenido generado con IA y excluirlo expresamente de lo que se reclama. Ocultarlo no es una astucia, es la forma más rápida de que te tumben el registro entero.
Donde más duele esto es en un logo. Un logotipo generado con IA y publicado sin más es, en la práctica, copiable. Pero el derecho de autor no es la única vía: la marca registrada es un sistema distinto, que no se pregunta quién fue el autor sino si el signo distingue tus productos en el mercado y no choca con marcas anteriores. Para proteger la identidad de un negocio, esa es la puerta a la que hay que llamar.
4. Lo que dicen los términos (y lo que no pueden decir)
Los términos de uso responden a la primera pregunta, la del permiso, y ahí sí son la fuente que manda. El patrón más habitual entre los grandes servicios es cederte expresamente los derechos que la empresa pudiera tener sobre la salida: OpenAI, por ejemplo, redacta en sus términos una cesión al usuario de todo su derecho, título e interés sobre el output. Otros lo formulan con una cautela que conviene leer despacio, como Midjourney, que dice que eres propietario de lo que generas en la mayor medida posible según la ley aplicable.
Esa coletilla —«en la medida en que la ley lo permita»— es exactamente el punto de esta guía, y no es picaresca de abogados: es la única forma honesta de redactarlo. Si la ley no reconoce un derecho de autor sobre una salida sin aportación humana, no hay manera de que un contrato te lo entregue. Lo que te están dando es un permiso amplio y la promesa de no reclamarte nada. En el 90 % de los usos reales, eso es todo lo que necesitas.
Tres cosas que cambian más de lo que parece, y que hay que mirar en tu caso concreto:
- El plan importa. Hay servicios en los que el uso comercial está reservado a los planes de pago, y otros con condiciones distintas según el tipo de cuenta. Lo que valía cuando lo leíste en el plan gratuito puede no valer igual al revés.
- Las condiciones cambian. Guarda una copia fechada de los términos del día en que publicaste. Es gratis y es la única prueba de bajo qué reglas lo hiciste.
- El uso de lo que tú subes es otra cláusula. Qué hace la herramienta con tus archivos y tus prompts se decide en un sitio distinto de quién es dueño de la salida. Eso lo tratamos en cómo proteger tus datos cuando usas IA y en qué guarda tu chat de IA.
5. El riesgo que de verdad cuesta dinero
Toda la discusión sobre quién es el autor es, para la mayoría de la gente, una conversación teórica: si nadie puede impedir que copien tu ilustración, en el peor de los casos pierdes exclusividad. El problema que sí termina en una carta de un despacho es el otro, el de la tercera pregunta: que lo que ha salido se parezca demasiado a algo protegido de otro.
Aquí no hay nada específico de la IA. La regla es la de siempre — reproducir sin permiso una obra ajena da problemas —, solo que ahora la herramienta puede producir ese parecido sin que tú lo busques, porque aprendió de material que incluía obras protegidas. Y la responsabilidad de lo que publicas sigue siendo de quien publica.
Los casos que concentran casi todo el riesgo son pocos y reconocibles:
- Personajes y marcas conocidos. Pedir explícitamente un personaje de una franquicia o un logotipo ajeno es el camino más corto al problema, y además suele estar prohibido por los propios términos.
- «Al estilo de» un artista vivo. Un estilo, en abstracto, no se protege como tal; pero un resultado que se acerca mucho a obras concretas de una persona identificable es otra cosa, y es terreno donde hay pleitos abiertos. Es una invitación innecesaria.
- Texto largo literal. Letras de canciones, poemas y fragmentos extensos pueden salir reproducidos casi tal cual.
- Caras reales. Además del derecho de autor, aquí entra el derecho a la propia imagen, que es otro frente y en España se defiende bien.
La prevención es barata y aburrida: no pidas por su nombre lo que es de otro; antes de usar comercialmente una imagen, pásala por una búsqueda inversa a ver a qué se parece; y calibra el esfuerzo según la exposición, porque no es lo mismo una ilustración en una entrada de blog que la imagen de una campaña con presupuesto. Si lo que te preocupa es el camino inverso — saber si un material que te llega lo hizo una IA —, está en detectar contenido hecho con IA.
6. Si te reclaman, ¿quién te defiende?
Esta es la cláusula que casi nadie busca y la que más dinero decide. Se llama indemnización o indemnity, y dice si el proveedor se hace cargo de defenderte y de pagar cuando un tercero te reclama por algo que generaste con su herramienta.
Las posturas del sector son muy distintas entre sí, y por eso no sirve la respuesta genérica. En un extremo hay proveedores que ofrecen defenderte en determinados planes de pago para empresa, siempre con condiciones: topes de dinero, exclusión de las funciones en fase de pruebas, y exclusión de lo que hayas añadido tú por tu cuenta — si metes un personaje protegido en la imagen, esa parte es tuya. En el otro extremo hay servicios que dicen con todas las letras que no te van a defender ni a cubrir costes. Y en medio, coberturas que solo existen en los planes de empresa o de API y no en el plan personal que tiene casi todo el mundo.
Qué hacer, concretamente: abre los términos del plan que tienes contratado, busca «indemn» y lee ese párrafo entero, incluidas las exclusiones. Si vas a usar la herramienta para trabajo de cliente, esa cláusula pesa más que la calidad de las imágenes. Y da por hecho que en un plan gratuito no hay cobertura ninguna, salvo que diga lo contrario negro sobre blanco.
7. Lo que Europa ya obliga, y a quién
El Reglamento europeo de IA no resuelve de quién es lo que genera un modelo — eso sigue en manos de la ley de propiedad intelectual de cada país —, pero sí impone deberes que te afectan en dos direcciones.
Si publicas un modelo de propósito general, el artículo 53 te obliga, entre otras cosas, a tener una política de cumplimiento del derecho de autor de la UE y a publicar un resumen suficientemente detallado de los contenidos usados para entrenarlo, siguiendo la plantilla que la Oficina Europea de IA publicó el 24 de julio de 2025. Estas dos obligaciones aplican desde el 2 de agosto de 2025, y aquí está el detalle que más se malinterpreta: publicar el modelo con licencia abierta no te libra de ellas — la exención para modelos abiertos alcanza a otros apartados del artículo, no a estos dos.
Si solo usas la IA, que es el caso de casi todo el mundo, la lectura es la contraria y bastante más útil: ese resumen de datos de entrenamiento es información pública que puedes leer antes de elegir herramienta. Es, hoy, la vía más fiable para saber con qué se entrenó aquello con lo que vas a trabajar. Y en paralelo, el reglamento impone obligaciones de transparencia y marcado sobre determinados contenidos generados o manipulados con IA; los plazos y el detalle de a quién alcanza cada cosa están en nuestra guía del AI Act. Al margen de la obligación legal, cada plataforma tiene ya sus propias reglas de etiquetado, y esas son las que te van a afectar antes.
8. Qué hacer, en la práctica
Cinco cosas, por orden de cuánto te ahorran:
- Decide qué pregunta te importa. Si solo necesitas publicar, te basta con el permiso de los términos y puedes dejar de leer. Si necesitas exclusividad — un logo, la identidad de un producto, algo que no quieres que copien —, asume que la salida en bruto no te la da y busca otra vía.
- Aporta algo y deja rastro. Edita, combina, selecciona, escribe. Guarda borradores y versiones con sus fechas. Eso es lo que convierte «lo hizo una IA» en «esto lo hice yo con una herramienta».
- Para marca e identidad, registra la marca. Es el mecanismo que sí protege un logo con independencia de quién lo dibujó.
- Lee la cláusula de indemnización de tu plan, no la del plan del que habla un artículo. Y guarda una copia fechada de los términos.
- No pidas por su nombre lo que es de otro, y revisa con búsqueda inversa lo que vayas a usar en algo comercial y visible.
| Si lo que quieres es… | La respuesta corta | Dónde se decide |
|---|---|---|
| Publicar y cobrar por ello | Normalmente sí, según tu plan | Términos de la herramienta |
| Impedir que lo copien | Sobre la salida en bruto, no | Ley de Propiedad Intelectual |
| Proteger tu libro, catálogo o web | Sí, en tu aportación | Tu selección, edición y textos |
| Proteger un logo o una identidad | Sí, por otra vía | Registro de marca |
| Saber quién paga si te reclaman | Depende, y casi nunca en gratis | Cláusula de indemnización |
Y una última idea, que es la que más tranquilidad da: para la inmensa mayoría de los usos cotidianos —una ilustración para un artículo, un borrador que luego reescribes, una imagen de apoyo en una presentación— nada de esto es un obstáculo. El problema aparece cuando alguien da por hecho que tiene exclusividad sobre algo que no la tiene, y construye una marca encima. Saber en cuál de los dos casos estás cuesta cinco minutos, y es justo lo que acabas de hacer.
Preguntas frecuentes
Para poder impedir que otro la copie, normalmente no. El artículo 5.1 de la Ley de Propiedad Intelectual considera autor a la persona natural que crea la obra, y en Estados Unidos los tribunales han sostenido lo mismo: el Supremo dejó firme esa doctrina en marzo de 2026 al no admitir a trámite el caso Thaler. Una imagen producida íntegramente por el modelo, con un prompt y nada más, se queda fuera del derecho de autor clásico — y lo que no tiene autor no tiene quien impida copiarlo. Otra cosa es si puedes usarla: eso lo deciden los términos de la herramienta.
Normalmente sí, pero eso lo decide el contrato con la herramienta, no la ley de propiedad intelectual, y cambia según el plan que tengas contratado. Hay servicios cuyos términos te ceden expresamente los derechos sobre la salida, y otros que reservan el uso comercial a los planes de pago. Busca la cláusula en los términos de tu plan concreto, guarda una copia con la fecha, y vuelve a mirarlo cuando cambies de plan.
La marca es un sistema distinto del derecho de autor y no depende de quién sea el autor: protege un signo que distingue tus productos o servicios en el mercado. Que el logo no tenga autor reconocido no lo excluye por sí mismo del registro, que se juega en otra cosa — que sea distintivo y que no choque con marcas anteriores. Es, de hecho, la vía razonable para proteger un logo generado con IA. Para un caso concreto, pregunta a alguien que lleve marcas.
Depende de para qué y de dónde. El Reglamento europeo de IA impone obligaciones de transparencia y de marcado a determinados contenidos generados o manipulados con IA, y cada plataforma tiene además sus propias reglas de etiquetado, que son las que te van a afectar antes en el día a día. Al margen de la obligación: decirlo cuesta poco y evita la conversación incómoda de después.
Sí, y ese es el riesgo que de verdad puede costarte dinero, bastante más que la discusión sobre quién es el autor. El problema no es que la imagen la haya hecho una máquina, sino que el resultado se parezca demasiado a algo protegido: un personaje conocido, un logotipo, una obra concreta. Cuanto más comercial y más visible sea el uso, más conviene revisarlo antes de publicar.
Ahí estás en el terreno cómodo. Lo que protege el derecho de autor es la aportación creativa de una persona, y si el texto es tuyo y la IA ha hecho de corrector, tu aportación sigue estando entera. La zona gris aparece según la IA va aportando más y tú menos. No hay una línea exacta, así que la regla práctica es conservar el rastro de lo que pusiste tú: borradores, versiones y fechas.